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domingo, 28 de octubre de 2012

El libro de la vida


Era una fría noche de Diciembre yo salía de casa dirección a una pequeña fiesta que habíamos preparado con motivo del cumpleaños de un amigo, yo llevaba más de dos meses preparando esto, un regalo de apenas valor económico pero muy importante para mí, era un pequeño librito donde había fotos y escritos para mi buen amigo, por esos momentos vividos. Ya estaba cerca, desde lejos vi la ventana en la que José, el padre de mi amigo colocaba unos pequeños adornos de navidad. En ese momento sentí un puntazo en la espalda, un pequeño pinchazo que hizo estremecerse mi cuerpo, giré lentamente la cabeza para ver a dos hombres encapuchados, uno alto y enclenque, el otro bajito pero fuerte. Mi primer impulso fue salir corriendo pero mi cabeza entró en acción y pronto aborté esa idea, pues me tenía bien agarrado y un paso en falso podía llevar a tragedia. ''La bolsa o la vida'' dijo el bajito, llevaba una camiseta andrajosa y un pantalón roto. Me quedé bloqueado, no sabía qué hacer, el hombre alto intentaba arrebatarme el regalo de mi amigo, pero yo estaba dispuesto a dar mi vida por ver sonreír a mi amigo y no estaba dispuesto a dejar tan fácilmente ese regalo. Eran dos meses que guardaban casi 15 años de vida juntos. El hombre empezaba a impacientarse ''trae eso'' grito, señalando el pequeño libro. Yo seguía callado, mirando fijamente esos fríos y oscuros ojos. Por fin me llené de orgullo y le dije, ''por encima de mi cadáver''. El alto se lo tomó al pie de la letra y me lanzó un fuerte golpe con su gran mano. Me levante, limpiándome la sangre que empezaba a emerger de mi labio superior. Estaba dispuesto a dar la vida, pero no sin oponer resistencia. Los dos hombres estaban alerta, esperando mi reacción y esperando para lanzarse sobre mí. El bajito sacó una pequeña navaja de su bolsillo mientras se acercaba lentamente, amenazante. Miré a mi alrededor en busca de algo que me pudiese ayudar a defenderme. Fijé mi mirada en una barra de hierro que había junto a un contenedor. El hombre de la navaja se lanzó contra mí, yo solo pude frenar su mano, lo que no impidió que el arma rajase mi ropa. Golpeé su mano contra el suelo y aproveché ese momento para abalanzarme sobre el hombre enclenque que cayó al suelo dejándome vía libre hasta la barra. El hombre temiendo que yo escapase y creyendo que tanto esfuerzo solo podía esconder algo de gran valor arrojó una piedra sobre mí. Me desplomé, en el suelo y ya con la barra en la mano, acaricie mi nuca empapándome de sangre la mano. Ambos hombres se acercaron hacia mí. El uno aún doliéndose de la mano y el otro con una impasible sonrisa en la boca. Ya no veía solución, pero estaba dispuesto a dar hasta el último suspiro por hacer llegar ese pequeño regalo a manos de mi amigo. Agotando las últimas fuerzas que aún me quedaban lancé un golpe contra el hombre bajito, con la fortuna de golpearle en la cabeza y dejarlo fuera de combate. Intenté golpear al otro, pero ya no me quedaban fuerzas. Se acercó a mí, agarro mi cuello y me levantó diciendo ''Ahora vamos a ver lo que tienes ahí'', yo seguía sin ceder, al ver que oponía resistencia me golpeo de nuevo lanzándome contra el contenedor donde hace un rato se apoyaba la barra de hierro, un pitido invadió mi cabeza... cerré los ojos. Al abrirlos los pitidos se habían convertido en sirenas. Un coche de policía y dos ambulancias estaban paradas en la carretera. Dos oficiales tomaban los datos a los delincuentes mientras a mi me subían a una de las ambulancias. Al parecer algún vecino, sorprendido por el jaleo, había visto que había problemas y había llamado a emergencias. Mi amigo había bajado, estaba ahí a mi lado, por fin pude darle eso que tanto había guardado, el miró el libro, se había quedado sin palabras, se limitó a sonreír, pero sus ojos lo decían todo.

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